En un mundo donde la violencia de género y los estereotipos patriarcales siguen marcando la pauta, surge un libro que desafía estas nociones arraigadas. Retórica de un pene asustado, escrito por Feliciano Mayorga, aborda con agudeza la influencia de los nuevos neomachistas en la sociedad actual, especialmente entre los jóvenes. Su enfoque invita a la reflexión y al debate, lo que lo convierte en una lectura imprescindible en estos tiempos de cambio.
Una mirada crítica al neomachismo actual
El libro de Mayorga se origina en la inquietud de un profesor de filosofía que observa cómo sus alumnos adolescentes están siendo influenciados por youtubers que promueven valores neomachistas. Este fenómeno no es casual; refleja una preocupante tendencia en la que la pedagogía de la igualdad se ve amenazada por discursos que trivializan las luchas feministas y que, en ocasiones, deslegitiman las conquistas alcanzadas.
Mayorga argumenta que, si no se implementan medidas urgentes para educar a los jóvenes sobre la igualdad de género, corremos el riesgo de que los valores machistas se reinstauren y deshagan años de progreso. Este libro, publicado por Letrame, se convierte así en un llamado a la acción para todos aquellos que buscan fomentar un cambio positivo en la sociedad.
El autor detrás de la obra
Feliciano Mayorga Tarriño es un filósofo y escritor con una trayectoria notable en el ámbito de la educación. Con más de 30 años de experiencia docente, ha publicado obras que abordan temas de ética, democracia y bienestar, entre las que se destacan La fórmula del bien, Repensar la democracia y Ateísmo sagrado. Su compromiso con la enseñanza y la difusión de ideas progresistas lo ha llevado recientemente a utilizar redes sociales, adoptando el pseudónimo de @filosofomanchego7579, para contrarrestar la normalización del neomachismo.
Desentrañando el título: ¿Por qué ‘Retórica de un pene asustado’?
El título de la obra, Retórica de un pene asustado, puede parecer provocador, pero su significado es profundo. Mayorga explica que, detrás de la agresividad de ciertos discursos machistas, se oculta un miedo palpable a los cambios en la percepción de los roles masculinos y femeninos. Este temor se traduce en una defensiva masculinidad hegemónica que, en lugar de reconocer y gestionar sus inseguridades, opta por mantener un control a toda costa. Esto se manifiesta en un discurso que, aunque se presenta como racional, está impregnado de resentimiento.
La ofensiva patriarcal y la respuesta social
Ante la creciente ofensiva patriarcal, Mayorga señala que, a pesar de los avances legislativos en materia de igualdad, como la Ley de Violencia de Género (LIVG) y la Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual, aún hay un déficit en la difusión de los argumentos que las sustentan. La falta de pedagogía en redes sociales es alarmante, dado que estos espacios se han convertido en el principal vehículo de información para los jóvenes. Esto implica que:
- Uno de cada cinco jóvenes entre 15 y 29 años niega la existencia de violencia machista.
- El bando patriarcal está más activo y motivado en redes sociales.
- El feminismo debe adaptarse y revitalizar su mensaje en estos canales.
Si no se revierte esta tendencia, corremos el riesgo de un retroceso en las conquistas de género logradas en la última década.
Neomachismo vs. machismo tradicional
En el libro, Mayorga introduce el concepto de neomachismo, que se diferencia del machismo tradicional en varios aspectos fundamentales. Mientras que el machismo clásico se basaba en la afirmación de la superioridad masculina, el neomachismo utiliza argumentos más sutiles que enmascaran las desigualdades. Algunos de estos argumentos incluyen:
- Las diferencias de género son el resultado de elecciones individuales y no de discriminación estructural.
- Las mujeres eligen la conciliación y los hombres el éxito profesional, perpetuando la desigualdad.
- Se promueve el mito de la falsa elección, donde se ignoran las barreras sociales y culturales que afectan estas decisiones.
Este enfoque permite que el neomachismo se infiltre en la cultura popular y en la educación, socavando así los esfuerzos de igualdad.
¿La violencia no tiene género?
Una de las afirmaciones más recurrentes en el discurso neomachista es que «la violencia no tiene género». Sin embargo, Mayorga sostiene que este argumento no resiste un análisis crítico. En una sociedad donde un grupo tiene doce veces más probabilidades de sufrir violencia que el otro, queda claro que existe una violencia estructural basada en el género. Esta afirmación se convierte en un intento de diluir la responsabilidad del patriarcado en las dinámicas de violencia.
Cuotas de género y meritocracia
El debate sobre las cuotas de género en instituciones como la Policía o la Guardia Civil también es abordado en la obra. Mayorga argumenta que, si la proporción de hombres y mujeres se aleja del 60/40, esto puede evidenciar una falta de oportunidades equitativas. Las cuotas, siempre que sean temporales y justificadas, no infringen el principio de mérito, sino que buscan corregir desigualdades históricas que han limitado el acceso de las mujeres a ciertos puestos.
El acoso callejero y sus matices
La legislación actual penaliza el acoso callejero, pero un piropo no siempre se traduce en acoso. Mayorga aclara que solo se considera delito si el comportamiento resulta humillante o intimidatorio. Esto implica que es fundamental evaluar el contexto y la intención detrás de cada interacción, evitando caer en generalizaciones que puedan desvirtuar la realidad.
Masculinidad tóxica y sus repercusiones
En la discusión sobre la masculinidad, Mayorga señala que no existe un único modelo de ser hombre. La masculinidad, al igual que la feminidad, es una construcción social que puede adoptar diversas formas. Sin embargo, la masculinidad tradicional a menudo promueve rasgos dañinos, como la dominancia y la violencia, lo que puede generar un entorno perjudicial tanto para hombres como para mujeres.
La influencia de la pornografía en la juventud
Uno de los factores que contribuyen al aumento de la violencia sexual, especialmente entre jóvenes, es el acceso temprano a la pornografía. Mayorga advierte que la pornografía, lejos de ser simplemente sexo explícito, normaliza y erotiza situaciones de violencia contra mujeres y niñas. Este contenido puede desensibilizar a los jóvenes y fomentar una falta de empatía hacia sus compañeras.
Desafíos en el debate público y redes sociales
Mayorga ha tenido enfrentamientos con figuras mediáticas que promueven el neomachismo, como el conocido youtuber Roma Gallardo. A pesar de las dificultades y el acoso que ha enfrentado, el autor cree firmemente que cualquier esfuerzo en contrarrestar esta influencia es valioso. Este tipo de enfrentamientos, aunque arriesgados, son necesarios para abrir los ojos de los jóvenes y fomentar un debate más informado sobre la igualdad de género.
El futuro de las leyes de igualdad
Con un panorama incierto y un resurgimiento de ideologías patriarcales en diversas partes del mundo, Mayorga expresa su preocupación por la estabilidad de las leyes de igualdad vigentes. La lucha por la igualdad no puede limitarse a la creación de leyes o la ocupación de espacios institucionales; es esencial que la educación y la pedagogía se extiendan a las redes sociales y se lleven a las aulas, para asegurar que las futuras generaciones no sean adoctrinadas por discursos antifeministas.



