El deseo de salir de la zona de confort es un impulso que muchos anhelan y pocos se atreven a seguir. Las experiencias que más nos marcan suelen ser aquellas que nos empujan a enfrentar nuestros miedos. Participar en una prueba en equipo, como la Spartan Race, puede ser una de esas oportunidades transformadoras que no solo desafían nuestras capacidades físicas, sino que también fortalecen nuestras relaciones y nuestra autoestima.
Una decisión inesperada que cambió mi perspectiva
Recuerdo vivamente el momento en que escuché a tres amigas comentando sobre su experiencia en la Spartan Race en Madrid. Su entusiasmo por la aventura, a pesar de los golpes y rasguños, despertó en mí una chispa de interés. Fue así como, sin pensarlo dos veces, decidí inscribirme en la edición de Barcelona organizada por Reebok.
Sin embargo, tan pronto como leí el reglamento y vi las imágenes de la competición, una ola de preocupación me invadió. Como profesora de yoga, mi entorno habitual está lleno de calma y tranquilidad: practico descalza, en espacios limpios y acogedores, enseñando posturas lentas y controladas. La idea de arrastrarme, cubrirme de barro y correr por la montaña con un equipo que parecía más de guerreros que de yoguis era, para ser sincera, aterradora.
Decidí invitar a dos amigas, Silvana y Mireia, a unirse a mí. Aunque proclamé que la idea era hacer el evento en equipo para disfrutarlo juntas, sabía que su compañía sería fundamental para que yo no abandonara a mitad de camino.
Entrenamiento y preparación: enfrentando nuevos desafíos
En preparación para la carrera, organicé sesiones de entrenamiento con un personal trainer, Alejandro Marcet, quien ya había competido en varias Spartan Races. Alejandro, fundador de Personal Win Training, se convirtió en nuestro guía a través de los obstáculos que nos esperaban.
En sus sesiones, Alejandro nos enseñó no solo técnicas para superar muros y lanzamientos de jabalina, sino también a realizar burpees, un ejercicio que, aunque parece un vinyasa, se convierte en un verdadero desafío si no superas un obstáculo. La realidad es que, si no lograbas pasar, te enfrentabas a 30 burpees como castigo. Este ejercicio se volvió emblemático en nuestra preparación, reflejando lo que significaba enfrentar y superar las dificultades.
Retos físicos y mentales: saliendo de la zona de confort
El entrenamiento fue mucho más que lo físico; también fue un viaje de autoconocimiento. En mi primer día, volví a casa con rasguños en los codos y agotada. En cada sesión, me enfrentaba a mis limitaciones y miedos, reconociendo que mi temor a lastimarme me acechaba constantemente, especialmente porque mi profesión depende de mi salud física.
Sin embargo, cada día que pasaba, mi confianza aumentaba. La comunicación constante con mis amigas a través de WhatsApp nos mantenía motivadas y unidas. El poder de un grupo positivo es inmenso; mientras el yoga a menudo se practica en soledad, la energía compartida de un equipo genera un impulso que resulta invaluable.
La experiencia del evento: unidad y espíritu de equipo
El día de la carrera, al llegar a uno de los enormes estacionamientos, nos abrumó un leve pánico al ver a la multitud. Sin embargo, el ambiente relajado y festivo nos ayudó a calmar los nervios. Durante la carrera, cada obstáculo lo enfrentamos juntas, apoyándonos mutuamente y asegurándonos del bienestar de cada una.
La dinámica fue natural: no había competencia entre nosotras, solo un deseo genuino de ayudarnos. Mi preocupación por Silvana, que no tenía el calzado adecuado, y el apoyo que nos brindamos en cada muro, reflejaron el verdadero espíritu de equipo. Aunque me encontraba incómoda, mi prioridad era ayudar a mis amigas, lo que a su vez me empoderaba y me motivaba a seguir adelante.
Lecciones aprendidas: reflexiones sobre la experiencia
Después de esta experiencia, emergieron tres ideas clave que me gustaría compartir:
- La importancia de compartir: Dar a los demás genera más felicidad que recibir. Trabajar en equipo y apoyarse mutuamente puede transformar cualquier experiencia en algo memorable.
- Autoconocimiento: Conocer nuestras debilidades y fortalezas es fundamental. Se trata de aceptar lo que no se puede cambiar y enfocarnos en lo que podemos mejorar, sin criticar nuestra propia persona.
- Humildad y autoconfianza: Estas dos cualidades no son opuestas. La humildad es una virtud que nos permite no considerarnos superiores a los demás, mientras que la autoconfianza es lo que nos impulsa a buscar lo mejor para nosotros mismos y a enfrentar nuestros miedos.
Estas reflexiones están desarrolladas en profundidad en mi libro ‘Mi Diario de Yoga’, donde exploro más sobre el autoconocimiento y la importancia de una comunidad.
El desenlace: celebrando el viaje
Al final, el resultado fue positivo: cruzamos la meta juntas, cubiertas de barro pero con sonrisas en el rostro. La Spartan Race no es solo una prueba física; es un desafío que, si se aborda con calma y sin la presión de competir, puede resultar en una experiencia enriquecedora. Aunque hice más burpees de los que hubiera querido, el ejercicio fue completo y satisfactorio.
Me llevé una medalla, un cúmulo de buenos recuerdos y algunos moratones que contarán la historia de nuestra aventura. Agradezco a Alejandro por su guía, a mis amigos por su apoyo incondicional y, sobre todo, a Silvana y Mireia, mis compañeras de carrera, por ser parte de esta experiencia transformadora.
¿Tú también has tenido alguna experiencia similar? Me encantaría conocer tu historia en los comentarios.


