La búsqueda de un yogui auténtico trasciende el simple acto de practicar posturas; implica un compromiso profundo con la filosofía y los principios del Yoga. En este sentido, Maty Ezraty, una figura emblemática en el mundo del Yoga, dejó un legado significativo que vale la pena explorar. A través de sus pensamientos sobre el liderazgo en el Yoga y los desafíos contemporáneos, podemos obtener una perspectiva enriquecedora sobre lo que significa ser un verdadero practicante y líder en esta disciplina.
Ezraty, quien falleció en julio de 2023, durante una gira internacional en Japón, es recordada no solo por su dedicación al Yoga, sino también por su visión innovadora que ayudó a transformar la práctica en Occidente. Su historia y su enfoque ofrecen lecciones valiosas que aún resuenan en la comunidad yóguica actual.
Una perspectiva innovadora en el Yoga
Fundadora de YogaWorks en Santa Mónica, California, a la temprana edad de 23 años, Maty Ezraty se propuso crear un espacio donde se enseñara Yoga de calidad, accesible para todos, independientemente de su nivel de habilidad. En una época en la que predominaba un único estilo de Yoga, ella abogó por un enfoque más ecléctico, mezclando influencias del Iyengar y del Ashtanga, lo que le permitió ofrecer un menú diverso de clases y estilos.
Con su enfoque innovador, YogaWorks rápidamente se convirtió en un referente, ofreciendo más de 120 clases semanales y enseñando a 700 estudiantes al día. Este crecimiento no fue solo un indicador de éxito comercial, sino que también evidenció el impacto que puede tener una enseñanza fundamentada en la calidad y la diversidad. Ezraty mencionó:
«Quería que la gente viese que el Yoga podía ser para todo el mundo. Me suelen decir que YogaWorks fue como un catalizador de muchas de las cosas que hoy está viviendo el Yoga».
Los inicios de un viaje transformador
La historia de YogaWorks comenzó con la colaboración entre Maty Ezraty y Alan Finger, en un momento en que ella aún se consideraba una profesora principiante. Sin embargo, su visión iba más allá de ser simplemente un centro de Yoga; aspiraba a crear una escuela que fomentara la formación de profesores competentes y apasionados. Ezraty se veía a sí misma como una facilitadora más que como una figura autoritaria, promoviendo un entorno en el que los educadores pudieran crecer y desarrollarse.
En sus propias palabras:
«Yo quería ser como una moderadora para los profesores de Yoga. Siempre pensé que si tenías una buena escuela con buenos profesores, el negocio llegaría solo».
El papel de la sinceridad en la enseñanza
Maty Ezraty valoraba la sinceridad y la honestidad en las relaciones entre profesores y estudiantes. Creía firmemente en la importancia de que los educadores recibieran retroalimentación constructiva y que mantuvieran una actitud abierta al aprendizaje. Para ella, la comunicación honesta era clave para el crecimiento tanto personal como profesional.
En su enfoque, propuso que los profesores no solo debían ser alabados, sino también guiados en su desarrollo. Esto incluyó:
- Fomentar un ambiente de honestidad y autoevaluación.
- Incentivar a los profesores a reflexionar sobre sus actitudes hacia otros estilos de Yoga.
- Promover la humildad y el respeto en la enseñanza.
Ezraty decía:
«Era capaz de coger a los profesores y potenciar sus talentos».
La necesidad de yoguis auténticos
En su visión del futuro del Yoga, Maty Ezraty enfatizaba la necesidad de contar con líderes que fueran verdaderos practicantes. Destacó la importancia de que los yoguis vivieran de acuerdo con los principios del Yoga, más allá de la simple práctica física. Esto implica:
- Un compromiso con la enseñanza genuina.
- Una conexión profunda con la filosofía del Yoga.
- La capacidad de discernir entre lo que es auténtico y lo que es comercial.
Ezraty afirmó que, en un mundo dominado por las redes sociales, es esencial que los educadores mantengan su integridad y no se sientan presionados a comercializar su práctica. En su opinión, la verdadera esencia del Yoga se puede perder fácilmente en un ambiente competitivo que prioriza la apariencia sobre la autenticidad.
Un vacío en el liderazgo del Yoga
Ezraty también abordó la falta de líderes en el ámbito del Yoga que puedan inspirar y guiar a otros. Hizo una comparación con el mundo de la meditación, el cual cuenta con figuras reconocidas y respetadas que integran la filosofía en la vida cotidiana. Según ella, el Yoga carece de este tipo de líderes, lo que puede resultar en una pérdida de dirección y propósito dentro de la práctica.
La comunidad del Yoga necesita más ejemplos de líderes que:
- Incorporen y enseñen los textos clásicos del Yoga, como los Yoga Sutras de Patañjali.
- Promuevan la conexión entre la práctica física y la filosofía subyacente.
- Fomenten un ambiente menos competitivo y más comunitario.
Maty observó que la tendencia actual hacia un enfoque más físico en el Yoga ha llevado a una desconexión con sus raíces espirituales. Esto, a su entender, podría llevar a un desgaste en la comunidad yóguica.
La importancia de enseñar filosofía y valores yóguicos
Finalmente, Ezraty enfatizó que lo que se necesita son escuelas que no se comporten como empresas, sino que se enfoquen en la enseñanza de la verdadera filosofía del Yoga. Para ello, es crucial que los educadores sean vistos no como proveedores de servicios, sino como guías en un viaje de crecimiento personal y espiritual.
Algunas de las características que deben tener estas escuelas incluyen:
- Supervisión por parte de yoguis experimentados y comprometidos.
- Enseñanza de prácticas que vayan más allá de lo físico.
- Preparación de los estudiantes para recibir lo que se les enseña, en lugar de esperar simplemente lo que desean.
Maty Ezraty dejó un legado que nos invita a reflexionar sobre la dirección del Yoga y la importancia de mantener su esencia. Su visión y compromiso con la autenticidad son recordatorios poderosos de que el Yoga, en su forma más pura, tiene el potencial de transformar vidas y comunidades. Para aquellos interesados en profundizar en sus enseñanzas, se recomienda consultar la entrevista completa realizada por Andrea Ferretti en la revista Yoga Journal España.


