“El sol es el vino, la luna es la copa. Vierte el sol en la luna si quieres ser llenado.” – Poeta sufí Hafiz
La conexión entre los sufíes y los yoguis es tan profunda como fascinante. Ambas tradiciones espirituales comparten un enfoque en la devoción y el abandono hacia la búsqueda de la iluminación. En el camino hacia el despertar, el equilibrio entre dar y recibir juega un papel crucial, simbolizado bellamente por la relación entre el sol y la luna.
En la práctica sufí, existen 99 nombres que representan diferentes cualidades del Amado, cada uno ofreciendo una faceta para explorar y experimentar en nuestra búsqueda de unidad con este ser. Uno de estos nombres, Ar-Rahim, conocido como La Luna del Amor, nos invita a reflexionar sobre nuestra capacidad para recibir y a mirar hacia la luna como símbolo de esta práctica.
La importancia de recibir
¿Cuántas veces nos sentimos incómodos al recibir algo? Puede ser un regalo, un cumplido o incluso la ayuda de un amigo que se ofrece a pagar la cuenta. La incomodidad para aceptar lo que nos ofrecen es más común de lo que pensamos. Aunque practicamos la gratitud por lo que llega a nuestras vidas, a menudo nos encontramos abrumados en esos momentos de recibir.
Los sufíes nos enseñan que, si deseamos vivir una vida llena de amor, es crucial entender el significado de recibir y dejar de resistirlo. Esta resistencia puede ser una barrera que nos impide experimentar la plenitud del amor y la generosidad.
La bondad de dar
Es totalmente comprensible que la sociedad ponga un gran énfasis en el acto de dar. Científicos han demostrado que cuando damos, nuestro cerebro libera dopamina, una hormona que genera sensaciones de placer. Además, numerosas tradiciones espirituales promueven la generosidad como un camino hacia la autorrealización:
- En las Upanishads y el Bhagavad Gita, el servicio se considera un camino hacia el autoconocimiento.
- La generosidad, conocida como dana paramita, es la primera de las seis perfecciones en el budismo.
- En la Kabbalah, dar es esencial para superar el egocentrismo.
- Las religiones judeocristianas nos enseñan que “es en dar que recibimos”.
Sin embargo, a menudo se asocia el acto de recibir con una connotación negativa, como si fuera algo menos noble. No existen lineamientos claros sobre cómo recibir, lo que contribuye a que no seamos hábiles en esta práctica. Confundimos recibir con “tomar” y, frecuentemente, juzgamos a quienes aceptan ayuda como dependientes o necesitados.
Reflexionando sobre la luna del amor
Cuando observamos la luna llena, notamos que la luz que irradia no proviene de ella misma, sino que es un reflejo de la luz del sol. Este fenómeno nos enseña que, al permitirnos recibir, compartimos nuestras propias “luz de luna” con el mundo. Consideremos lo siguiente:
- ¿Podría la luna recibir aún más luz del sol?
- ¿Cuánto más podría beneficiar al mundo si abriéramos nuestros corazones para recibir amor?
- La luna no puede crecer, pero nosotros sí podemos expandir nuestra capacidad de amor si practicamos recibir.
Esto implica soltar nuestros juicios y explorar por qué nos sentimos incómodos al recibir. Preguntémonos: ¿Por qué es difícil aceptar un regalo? ¿Sentimos que debemos retribuir? ¿Por qué es complicado aceptar cumplidos? Estas son reflexiones que nos pueden ayudar a desmantelar las barreras que hemos construido en torno al amor, tal como lo señala el poeta sufí Rumi:
“Tu tarea no es buscar el amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has construido contra él.”
Practicando la recepción
La práctica de recibir nos ayuda a descubrir esas barreras. También nos permite comprender que dar y recibir son dos lados de la misma moneda, como lo enseñan el sol y la luna. Resistirnos a recibir es resistirnos a dar.
Tuve una reveladora experiencia en un supermercado de Nueva York. Mientras esperaba en la fila, noté a una mujer que, con un gesto amable, se disponía a pagar mis compras. En un momento de duda, pensé en si podría sentirse ofendida o si preferiría no aceptar su oferta. Justo en ese instante, la mujer se volvió hacia la cajera y dijo: “Quisiera pagar las compras de la señora detrás de mí.”
Me sorprendió cómo, en ese instante, ambos escuchamos la voz de la generosidad, pero ella no dejó que la duda interfiriera. Aceptar su regalo fue un desafío personal, ya que mi mente estaba llena de juicios sobre el acto de recibir, especialmente de alguien que aparentaba tener menos. Sin embargo, Rumi nos recuerda que lo valioso se encuentra en salir de nuestra zona de confort. Si recibir es una barrera para ti, haz de ello tu práctica diaria.
Transformando nuestra relación con el recibir
Revisar nuestra perspectiva sobre recibir puede transformar no solo nuestras relaciones, sino también nuestra relación con nosotros mismos. Aquí hay algunas sugerencias para mejorar esta práctica:
- Reconoce tus sentimientos de incomodidad al recibir.
- Visualiza el acto de recibir como un intercambio energético, no como un déficit.
- Prueba ejercicios donde aceptes pequeñas ofertas de ayuda o cumplidos sin necesidad de retribuir de inmediato.
- Reflexiona sobre las creencias que tienes sobre merecer o no merecer lo que te ofrecen.
Al final del día, abrirnos a recibir es un acto de amor hacia nosotros mismos y hacia el mundo. Esta práctica no solo nos enriquece, sino que también permite que otros experimenten la alegría de dar.
Helen Avery es editora de sección en Wanderlust Media, trabajando en los canales de Vitalidad y Sabiduría en wanderlust.com. Es periodista, escritora, profesora de yoga, ministra en formación y paseadora de perros a tiempo completo de Millie.


