La práctica del yoga es mucho más que una serie de posturas físicas; es un camino hacia la autoconciencia y la aceptación. En este viaje, cada uno de nosotros puede encontrar inspiraciones inesperadas que nutren nuestra práctica. En mi caso, mi abuela de 100 años, a quien cariñosamente llamo «Abuela Nita», ha sido una influencia notable, aunque nunca haya escuchado hablar de yoga. A través de su vida y enseñanzas, he aprendido valiosas lecciones que transforman mi forma de practicar y apreciar esta disciplina.
La gratitud como base de la práctica
Independientemente de nuestras creencias, la práctica del yoga nos invita a ser conscientes y a aceptar el momento presente. Durante esos instantes de silencio al final de la clase, me preparo mentalmente para los desafíos que se avecinan, reconociendo al mismo tiempo las bendiciones que la vida me ha otorgado.
Desde pequeña, la frase favorita de mi abuela ha sido “Dios te bendiga, cariño”. Este saludo no solo irradia cariño, sino que también nos recuerda la importancia de compartir sonrisas y palabras amables. Cada vez que escucho esas palabras, siento una oleada de gratitud. Me recuerda que debemos apreciar los pequeños momentos y las grandes bendiciones que tenemos en la vida, como la oportunidad de practicar yoga.
Aceptando mi cuerpo y su forma
Uno de los momentos más reveladores en mi práctica de yoga ocurrió cuando escuché a un instructor mencionar el término “orgánico”. Al animar a los estudiantes a permitir que sus cuerpos se movieran de manera natural, comprendí la importancia de aceptar y celebrar la forma de mi cuerpo. Este proceso implica reconocer mi anatomía, mis limitaciones y, sobre todo, mis fortalezas.
Mi abuela, con su característico sentido del humor, me ha enseñado a estar orgullosa de mi cuerpo. Recientemente, dijo: “Soy una mujer con curvas, y a mi esposo siempre le gustaron las mujeres con caderas”. A pesar de sus años, mantiene una actitud positiva hacia su cuerpo, lo que me inspira a hacer lo mismo mientras fortalezco el mío a través del yoga.
La importancia de reírse de uno mismo
La risa es un poderoso remedio. Mi abuela Nita no se conforma con una risita suave; su risa resonante, un “¡JA!” contagioso, ilumina cualquier habitación. Lo que más admiro de ella es su capacidad de reírse de sí misma. A medida que envejece, se ha vuelto más consciente de sus limitaciones, pero en lugar de frustrarse, se ríe y dice: “¡No tengo más que cien años!”
Esta lección de humildad es fundamental en mi práctica de yoga. A veces, intento posturas complicadas y termino en el suelo, con una risa nerviosa. En lugar de sentir vergüenza, elijo reírme de mis torpezas. Esta actitud de ligereza, similar a la de mi abuela, me permite disfrutar más de la experiencia del yoga.
El valor del viaje personal
La vida es un viaje, y mi abuela me lo demostró de manera memorable cuando, poco antes de cumplir 98 años, la llevé a Panamá. En una aventura que cumplió un sueño de la infancia, atravesamos la ciudad y nos sumergimos en las historias que ella había compartido sobre sus antepasados. Fue un viaje lleno de risas, descubrimientos y, sobre todo, conexión familiar.
Cada vez que veo a mi abuela, me recuerda nuestro viaje a Panamá, y siento que esa experiencia encapsula la esencia del yoga: no se trata de alcanzar una meta, sino de disfrutar del viaje. La práctica de yoga es, ante todo, una travesía personal, y cada sesión es una oportunidad para aprender sobre mí misma y mi cuerpo.
Lecciones de vida que trascienden generaciones
Aunque mi abuela puede no conocer el yoga, sus enseñanzas han influido en mi forma de practicar. Las lecciones sobre gratitud, aceptación del cuerpo, humor y el valor del viaje son fundamentales y se entrelazan con los principios del yoga. Reflexionar sobre estas lecciones me ayuda a mantener una mentalidad abierta y un corazón agradecido durante mi práctica.
En cada postura, en cada respiración, encuentro la sabiduría de mi abuela, que me recuerda que la vida, al igual que el yoga, es un proceso continuo de aprendizaje y crecimiento.
Influencia en nuestra práctica
¿Alguna vez has reflexionado sobre quienes te han influenciado en tu práctica de yoga? Es probable que encuentres en tu vida personas que, aunque no sean yoguis, te han enseñado lecciones valiosas que se reflejan en tu forma de practicar. Algunas de estas influencias pueden incluir:
- Familia: como abuelos, padres o hermanos que comparten su amor por la vida.
- Amigos: aquellos que te apoyan y te inspiran a seguir adelante.
- Maestros: instructores que te guían en tu camino y te desafían a crecer.
- Libros: lecturas que han resonado contigo y han cambiado tu perspectiva.
- Experiencias: momentos vividos que han moldeado tu carácter y tus valores.
Cada una de estas influencias puede ser una fuente de inspiración, ayudándote a desarrollar una práctica más rica y significativa.
En conclusión, mi abuela Nita, con su sabiduría y amor, ha dejado una huella indeleble en mi comprensión y apreciación del yoga. Aunque no lo sepa, sus enseñanzas resuenan en cada postura y en cada respiración, recordándome que la práctica va más allá de la técnica: es un viaje personal lleno de amor, gratitud y risa.


