Explorar la verdad es un viaje profundo y transformador que se extiende más allá de la superficie de nuestras experiencias diarias. En esta segunda entrega de nuestra serie sobre los Yamas y Niyamas, nos adentramos en el concept de satya, que nos invita a reflexionar sobre la esencia de la verdad y su impacto en nuestras vidas, tanto en la esterilla como fuera de ella.
Satya, que se traduce como veracidad, es el segundo de los diez Yamas y Niyamas enumerados en Los Sutras del Yoga de Patanjali. Este principio no solo nos invita a ser honestos en nuestras palabras, sino también a cuestionar nuestras percepciones y creencias sobre la realidad.
La complejidad de la verdad
La noción de verdad es a menudo más complicada de lo que parece. Por ejemplo, es común que expresemos juicios categóricos sobre otras personas, como pensar que un ex-pareja es egoísta. Sin embargo, si le preguntamos a esa persona o a su nueva pareja, la percepción puede ser completamente diferente. Esta discrepancia nos muestra que la verdad es a menudo subjetiva y está teñida por nuestras experiencias y emociones.
Al practicar satya, comenzamos a reconocer que nuestras opiniones pueden ser simplemente eso: opiniones. A través de este proceso, aprendemos a separar lo que consideramos verdad de lo que realmente es. Este discernimiento cambia nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos, permitiéndonos ver las opiniones de los demás y nuestras propias creencias con mayor claridad.
El poder de la palabra
El lenguaje tiene un impacto profundo en nuestras vidas, un concepto que Don Miguel Ruiz destaca en su libro Los Cuatro Acuerdos. Ruiz enfatiza la importancia de ser impecables con nuestras palabras, ya que pueden construir o destruir. ¿Cómo podemos asegurarnos de que nuestras palabras sean un reflejo de nuestro verdadero yo?
- Elige tus palabras sabiamente: Cada palabra tiene un poder inherente.
- Intenta ser positivo: Las palabras pueden inspirar y motivar.
- Reflexiona antes de hablar: Pregúntate si lo que vas a decir es necesario y amable.
Al adoptar esta práctica, podemos empezar a utilizar nuestras palabras de manera que fomenten un ambiente de paz y comprensión, tanto para nosotros mismos como para quienes nos rodean.
Comunicación no violenta
Marshall Rosenberg, el creador de la comunicación no violenta, nos ofrece herramientas valiosas para expresar nuestra verdad sin herir a los demás. La clave está en cómo enmarcamos nuestras palabras. En lugar de acusar o señalar con el dedo, podemos compartir cómo nos sentimos.
Por ejemplo, en lugar de decir “Eres hiriente”, podemos expresar “Me siento herido”. Esta sutileza cambia la dinámica de la conversación y reduce la posibilidad de conflicto. La comunicación no violenta nos permite expresar nuestra verdad de manera honesta y responsable.
Descubriendo nuestros propios relatos
Frecuentemente, nuestras percepciones son moldeadas por las opiniones de los demás. A lo largo de nuestras vidas, otros pueden habernos hecho creer que no somos lo suficientemente buenos, o que carecemos de talento en áreas específicas. Sin embargo, es fundamental cuestionar estas creencias.
Podemos empezar a desmantelar estas narrativas y escribir nuestros propios relatos. Este proceso incluye:
- Identificar creencias limitantes: Reflexiona sobre qué comentarios o experiencias te han afectado.
- Cuestionar su validez: ¿Son realmente ciertos o son solo percepciones de otros?
- Reescribir tu historia: Empieza a construir una narrativa positiva que refleje tu verdad.
Este ejercicio no solo es liberador, sino que también nos acerca a una comprensión más profunda de quiénes somos realmente.
El camino hacia la comprensión profunda
Al buscar la verdad, también comenzamos a alejarnos del sufrimiento innecesario. Muchas disputas surgen de diferencias de opinión. A medida que nos embarcamos en esta búsqueda de verdad, nos acercamos a samadhi, el estado culminante de conciencia en la práctica del yoga. Esto plantea una pregunta esencial: si no somos lo que nos han dicho, ni lo que creemos ser, entonces, ¿quiénes somos?
Formas de practicar satya en la vida diaria
Implementar el principio de satya en nuestra vida diaria puede parecer un desafío, pero hay estrategias efectivas que podemos adoptar:
1. Comunicación reflexiva
Antes de hablar, pregúntate: ¿Es verdadero? ¿Es útil? ¿Es inspirador? Esta práctica, conocida como el acrónimo THINK, puede guiar nuestras interacciones hacia un camino más positivo.
2. La escucha activa
Presta atención a lo que otros dicen. La escucha activa puede cambiar la dinámica de una conversación y permitir una comunicación más efectiva. Pregúntate en cada charla: “¿Qué necesitas que escuche?”
3. Reflexión en la esterilla
Nuestra práctica de yoga es un espacio ideal para observar nuestros pensamientos y sentimientos. En lugar de juzgarnos, podemos reconocer nuestras luchas y ser honestos con nosotros mismos. Por ejemplo, si un día estamos luchando con una postura, podemos decir: “Estoy teniendo dificultades hoy” en lugar de “Soy malo en esto”.
La práctica de satya también puede ser complementada con posturas que abren el chakra de la garganta, como:
- Ardha Matsyendrasana
- Matsyasana
- Salamba Sarvangasana
- Ujjayi Pranayama
Al finalizar la práctica, podemos meditar sobre la verdad y cuestionar quiénes somos, dejando que la respuesta surja desde el corazón.
La búsqueda de la verdad es un viaje continuo y extraordinario. La siguiente entrega de nuestra serie se enfocará en el tercer Yama, asteya: no robar, donde exploraremos cómo este principio se manifiesta en nuestras acciones y pensamientos.
Helen Avery es Editora Seccional en Wanderlust Media, trabajando en los canales de Vitalidad, Sabiduría y Bienestar en wanderlust.com y YOGANONYMOUS. Es periodista, escritora, profesora de yoga y paseadora de perros a tiempo completo de Millie.


