La idea de un peregrinaje evoca imágenes de personas cruzando vastos y dramáticos paisajes, en busca de lugares sagrados o nuevas oportunidades. Sin embargo, el caso de Matt Green redefine esta noción. Desde la víspera de Año Nuevo de 2011, ha recorrido más de 7,000 millas por las calles de Nueva York, con la meta de caminar cada rincón de esta inmensa ciudad. “No tengo un motivo claramente definido o un destino específico. Simplemente siento que debo hacerlo”, afirma Matt, mostrando una perspectiva que va más allá de los objetivos convencionales.
Antes de embarcarse en su actual travesía, Matt ya había realizado un viaje a través de los Estados Unidos. Con una formación académica sólida y una carrera como ingeniero civil, su futuro parecía trazado por caminos seguros. Sin embargo, su experiencia en este primer viaje cambió su visión sobre la vida. “Tenía la intención de volver al trabajo después de esa aventura. Hice decisiones financieras sensatas y logré buenos resultados académicos. Pero en el transcurso de esos meses, lo que comenzó como un simple viaje se transformó en un estilo de vida”, explica.
Con cada paso que daba por Nueva York, Matt se dio cuenta de que su visión de una vida aceptable y predecible se desvanecía lentamente. “No experimenté una revelación romántica, pero mi perspectiva se fue transformando de manera gradual. No me di cuenta de este cambio hasta que finalicé mi recorrido”, relata. Ahora, su única ocupación es caminar, viviendo con amigos y desconocidos que le ofrecen un lugar donde quedarse, y administrando su día a día con tan solo 15 dólares.
“He llegado a comprender que el mundo es suficiente para mí.”
La dualidad de un peregrinaje urbano
A primera vista, el recorrido de Matt por Nueva York puede parecer muy distante de lo que muchos consideran un peregrinaje tradicional. La bulliciosa vida de una metrópoli de 8.4 millones de personas parece contradecir la búsqueda de un viaje interior. Sin embargo, para Matt, es precisamente en esta observación cercana de la vida humana donde encuentra significado. “En Nueva York, puedes obtener una imagen honesta de las personas observando cómo han optado por vivir: las cosas que han creado, la manera en que se sostienen, lo que colocan en sus jardines o ventanas”, explica.
Para él, incluso un simple contenedor de basura puede revelar patrones de consumo y hábitos de vida. “La curiosidad que surge al prestar atención puede llevar a una comprensión mucho más profunda de las personas y de uno mismo”, añade. Esta forma de ver el mundo es lo que ha enriquecido su experiencia durante su peregrinaje urbano.
Momentos reveladores en el camino
Entre las muchas experiencias que ha acumulado, Matt menciona un evento particular que le brindó claridad: la carrera de trascendencia de 3,100 millas que se celebra anualmente en Jamaica Hill, Queens. “No podría haber creído que existiera tal carrera hasta que la vi. Dura 52 días y se lleva a cabo alrededor de una sola manzana. ¿Puedes imaginar? Dos maratones al día sobre un bloque de cemento”, comenta con asombro.
Mientras caminaba junto a uno de los participantes, se dio cuenta de que la naturaleza meditativa de la carrera, aunque diferente, era paralela a su propia travesía. “Al correr en torno a la misma manzana, y al simplificar el mundo exterior, estos corredores profundizan en sí mismos. Para mí, es al centrarme en lo que me rodea que experimento este viaje ‘espiritual’”, dice Matt. “El acto de prestar atención se siente meditativo, ha ampliado mi percepción del mundo y me ha llevado a una mayor autoconciencia”.
Lecciones aprendidas en el camino
A lo largo de su odisea, Matt ha adquirido valiosas enseñanzas sobre sí mismo y sobre la vida. Se destacan tres aprendizajes fundamentales:
- Necesitamos muy poco: Al iniciar su viaje, pensó que se alejaría de cosas que consideraba necesarias, como su guitarra o la televisión. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que podía vivir sin ellas. Un ejemplo claro fue cuando, en Dakota del Norte, necesitaba agua y encontró una fuente justo a su paso.
- Apreciar las pequeñas cosas: Antes, Matt solía planificar grandes viajes a lugares de interés. Ahora entiende que puede encontrar belleza y asombro en lo cotidiano. “Los objetos simples, como un hidrante de incendios, han saciado mi deseo por viajar. Me siento más conectado con el mundo al observar estos detalles que al mirar el Gran Cañón”, reflexiona.
- La belleza de la dependencia: Matt ha descubierto que depender de otros ha generado experiencias extraordinarias. “Nuestra sociedad valora la independencia, pero depende de otros puede ser una fuente de aprendizaje. Las personas son mucho más amables de lo que los medios retratan. Aprendí a no juzgar. Al depender de la amabilidad de quienes me hospedan, me siento obligado a escuchar sus historias, incluso si no estoy de acuerdo con ellas”.
Una nueva perspectiva sobre el mundo
Con el paso del tiempo, Matt ha llegado a ver su viaje como un verdadero peregrinaje, a pesar de no estar atravesando montañas o dirigiéndose a un sitio sagrado. “He llegado a comprender que el mundo es suficiente para mí. No hay nada que alcanzar. Al dedicar mi vida a apreciar el mundo y cada uno de sus aspectos, siento que, a cambio, soy sostenido en todo lo que hago”, concluye Matt.
Al observar, caminar y aprender, su vida ha adquirido un significado profundo que va más allá de los destinos tradicionales. Este tipo de exploración y reflexión nos invita a todos a reconsiderar qué significa realmente un viaje y cómo podemos encontrar riqueza en nuestras propias experiencias diarias.
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Helen Avery es Editora de Sección en Wanderlust Media, trabajando en los canales de Vitalidad, Sabiduría y Bienestar en wanderlust.com. Es periodista, escritora, profesora de yoga y paseadora de perros a tiempo completo de Millie.


