Amy Champ participó en el programa de inmersión Wanderlust Voyager en Wanderlust Squaw Valley y escribió sobre sus experiencias. Para obtener más información sobre el programa de formación de profesores de yoga de Wanderlust, haz clic aquí.
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Desde tiempos antiguos, los rishis del yoga, filósofos que habitaban en los bosques, debatían sobre la naturaleza de la vida y la realidad. Algunos sostenían que la vida era una ilusión (maya) y que el yoga y la meditación nos liberarían del sufrimiento inherente a ella, mientras que otros creían en la realidad de nuestra existencia y que nuestras acciones tienen un peso significativo en la vida posterior. Este dilema filosófico nos invita a reflexionar sobre cómo percibimos nuestro propio viaje en la vida.
La vida es, sin duda, una travesía repleta de sorpresas y aventuras. La manera en que practicamos y cómo nos vemos a nosotros mismos influye notablemente en la calidad de esta experiencia. A través del yoga, aprendemos que nuestra concepción del yo es limitada y que es fundamental abrirnos a una visión más amplia de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.
La limitación del yo
En el ámbito del yoga, uno de los aprendizajes clave es comprender que nuestro sentido del yo puede ser restrictivo. El yoga nos invita a trascender esta perspectiva individual y a unir nuestra pequeña identidad con un yo más grande, que abarca el universo. Esta conexión puede manifestarse de diferentes maneras:
- Reconociendo que somos iguales a los demás.
- Entendiendo que somos parte de una conciencia colectiva.
- Siendo conscientes de nuestra participación en el ecosistema.
Esta percepción puede resultar desconcertante al principio, ya que invita a cuestionar nuestra individualidad. Sin embargo, es una herramienta valiosa que nos libera de nuestras limitaciones personales, permitiéndonos explorar una vida más rica y significativa.
Fluir en la práctica del yoga
Para ser verdaderos participantes en nuestra vida, es crucial aprender a dejar de lado la ansiedad y la preocupación. Durante la práctica de vinyasa, al pasar de una postura a otra, como de perro hacia arriba a perro hacia abajo, experimentamos una desconexión temporal de nuestros problemas cotidianos. Este flujo es una técnica del yoga que nos permite sentir la libertad de estar presentes.
Cuando llevamos esta sensación de flujo fuera de la esterilla y hacia nuestras actividades diarias, empezamos a notar cómo se transforma nuestra experiencia en el trabajo, en nuestros momentos de ocio y en la vida familiar. La práctica del yoga se convierte en un vehículo para experimentar un estado de conexión constante.
El mantra neti neti
Un principio fundamental en el yoga es el mantra neti neti, que significa «no esto, no esto». Repetir esta frase nos ayuda a liberarnos de las ataduras del ego, permitiéndonos pensar con mayor claridad y sabiduría. Al despojarnos de la idea inicial que tenemos de nosotros mismos (prakriti), podemos conectar con un principio organizador superior del universo, conocido por los yoguis como purusha.
Esta conexión no debe ser vista como una renuncia, sino como una unión con algo más grande. En la práctica del yoga, buscamos esta “unión” para redescubrir nuestra humanidad y reconocer la necesidad de apoyo y elevación en momentos de desafío.
El poder de perderse a uno mismo
Al alcanzar un estado de conexión profunda, nos sentimos libres de sumergirnos en cualquier actividad. Este es el verdadero sentido de la vida; al soltar las ataduras del ego, podemos fundirnos con la práctica en la esterilla, disfrutando plenamente de cada postura. Esta pérdida de uno mismo se traduce en una experiencia enriquecedora y plena, ya sea al conducir, pintar o incluso al realizar tareas cotidianas.
La ilusión de maya y su naturaleza real
Eventualmente, la tensión asociada con la ilusión de maya se desvanece. Aunque se considera un juego, esta ilusión también tiene una dimensión de realidad que debemos aprender a aceptar, permitiéndonos respirar y fluir en ella. La pequeña identidad que nos limita comienza a desvanecerse, y en ese espacio de liberación, encontramos la libertad de involucrarnos plenamente en todo lo que hacemos.
Cuando nos permitimos perder nuestro sentido del yo, experimentamos una vitalidad renovada. Este es el momento en que realmente estamos vivos, inmersos en cada aspecto de nuestra existencia.
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La Dra. Amy Champ es académica, yogini y escritora, dedicada a apreciar las cosas simples de la vida. Su trabajo, centrado en la salud de las mujeres y la creación de comunidades, se nutre de su experiencia en yoga y su interacción con personas ordinarias.


