En un mundo donde a menudo se prioriza la productividad y la conformidad sobre la autenticidad y la creatividad, es fundamental redescubrir nuestras raíces más profundas. La conexión con nuestro «niño primordial» puede ser la clave para una vida plena y significativa. Ángela Sannuti, en su obra *La última vez que fuimos niños*, nos invita a explorar esta conexión a través de un viaje emocional y espiritual que desafía las convenciones de la educación tradicional. En esta entrevista, profundizamos en sus ideas y reflexiones sobre el sufrimiento humano y la importancia de reconectar con nuestra esencia.
Madurar es despertar a la vida
Ángela Sannuti sostiene que la madurez no debe ser vista como una pérdida de la alegría y la creatividad, sino como un proceso de despertar. A medida que crecemos, deberíamos ser más conscientes y no caer en la trampa de la anestesia emocional. Según Sannuti, el sufrimiento que experimentan muchos adultos no se origina en un defecto personal, sino en la desconexión de su «niño primordial».
Este «niño primordial» representa nuestra esencia más pura, llena de alegría y creatividad, que muchas veces queda sepultada bajo las presiones y expectativas de la educación convencional. A diferencia del concepto del «niño herido», que se centra en el dolor y las carencias, Sannuti nos invita a reconocer al niño que aún vive en nosotros, esperando ser redescubierto.
El enfoque de Sannuti se presenta como un mapa emocional que nos guía hacia un reencuentro con nuestra autenticidad. En su crítica a la pedagogía del miedo, denuncia cómo el sistema educativo actual perpetúa el dolor generacional, formando adultos desconectados de su esencia. Al abordar temas como la represión emocional y la búsqueda de aprobación, la autora nos ofrece herramientas para comprender y sanar nuestras heridas internas.
La pedagogía del miedo y sus efectos
La educación tradicional a menudo se basa en el miedo, lo que resulta en una serie de consecuencias negativas para el desarrollo emocional y psicológico de los individuos. Sannuti identifica varios puntos críticos en este tipo de pedagogía:
- Reprimenda emocional: Los niños son enseñados a ocultar sus emociones en lugar de expresarlas.
- Desconexión: Se crea una separación entre el niño y su esencia, llevándolos a construir defensas emocionales.
- Expectativas sociales: Se imponen estándares de comportamiento que limitan la autenticidad del individuo.
- Desvalorización: Se fomenta la idea de que el niño debe adaptarse a moldes que no reflejan su verdadera naturaleza.
Los efectos de esta pedagogía se manifiestan en la vida adulta a través de síntomas emocionales y físicos, tales como ansiedad, depresión y enfermedades psicosomáticas. Sannuti nos recuerda que detrás de cada síntoma hay una historia no contada que necesita ser escuchada y comprendida.
El niño herido vs. el niño primordial
La distinción entre el «niño herido» y el «niño primordial» es fundamental en la obra de Sannuti. El «niño herido» es aquel que lleva consigo las cicatrices de un pasado doloroso, que no logró completarse en su niñez. Este niño actúa desde el inconsciente, manifestándose a través de malestar y enfermedades. En cambio, el «niño primordial» es la esencia pura de cada individuo, repleta de creatividad, alegría y singularidad.
Para reconectar con nuestro «niño primordial», es esencial:
- Escuchar nuestras emociones sin juicios.
- Deshacerse de las máscaras que hemos creado para encajar.
- Fomentar la creatividad y la expresión auténtica.
Este proceso implica un viaje de regreso a la esencia, donde el individuo puede redescubrir su singularidad y potencial, a menudo opacados por las normas sociales.
La voz de los niños y la perspectiva adulta
En su libro, Sannuti incorpora frases de niños reales para ilustrar su percepción del mundo. Estas citas resaltan la claridad y la inocencia de los niños, contrastando con el adultocentrismo que domina la educación moderna. Al escuchar sus voces, podemos aprender sobre:
- La capacidad de sentir y percibir el mundo genuinamente.
- La importancia de recibir apoyo emocional en lugar de ser simplemente guiados.
- La riqueza de la experiencia infantil, que a menudo es ignorada por los adultos.
La autora enfatiza que, en lugar de ver a los niños como «recipientes vacíos» que deben ser llenados, deberíamos acompañarlos en su proceso de descubrimiento y autoexpresión.
Consecuencias de una educación basada en el miedo
El miedo, como base de la educación, genera un ciclo de desconfianza y dolor que se perpetúa a lo largo de las generaciones. Sannuti observa que, al crecer en un ambiente de miedo y control, los niños se convierten en adolescentes y adultos desorientados:
- Desarrollo de personalidades defensivas.
- Incapacidad para confiar en uno mismo y en los demás.
- Una búsqueda constante de aprobación externa que puede resultar en ansiedad.
Este ciclo, a menudo, lleva a los adultos a buscar terapias y talleres para recuperar lo que una vez fue natural en ellos: la alegría y la creatividad. La clave está en romper este ciclo, redescubriendo el amor y la empatía que deben estar presentes en la educación.
Reconociendo nuestros miedos
Los miedos que nos limitan son universales y han permanecido a lo largo de la historia. El miedo a sentir y a mostrarse vulnerable es uno de los más profundos. Este temor nos lleva a reprimir nuestras emociones, lo que se traduce en estrés y enfermedades. Sannuti enfatiza que:
- Las emociones son nuestras aliadas, no nuestros enemigos.
- La madurez emocional es esencial para el crecimiento personal.
- La autoaceptación es clave para liberarse de los miedos limitantes.
Reconocer y abrazar nuestras emociones es el primer paso hacia la sanación y el autoconocimiento.
El primer paso hacia la reconexión
Para reencontrarnos con nuestro «niño esencial», Sannuti sugiere que el primer paso es volver a nosotros mismos, explorando nuestra interioridad. Este viaje requiere coraje y disposición para:
- Mirar hacia adentro y enfrentar nuestros miedos.
- Crear un espacio seguro para la autoexploración.
- Reconocer nuestros dones y cualidades ocultas.
La vida es un proceso continuo de evolución, y cada etapa trae consigo lecciones valiosas. La disposición a aprender y crecer es fundamental para nuestra realización personal.
La importancia de mirar hacia adentro
Sannuti plantea que no es necesario buscar fuera de nosotros mismos para encontrar la felicidad. La autoobservación consciente es una herramienta poderosa que nos permite:
- Identificar nuestras emociones y cómo nos afectan.
- Reconocer nuestras necesidades y aspiraciones.
- Desarrollar una mayor conexión con nuestra autenticidad.
En un mundo lleno de distracciones, tomarse el tiempo para reflexionar y escuchar nuestra voz interna es crucial para el crecimiento personal.
Entender la madurez como un proceso de integración
Finalmente, Sannuti plantea que madurar debe ser un proceso de integración de todas las etapas de nuestra vida. En lugar de perder nuestra esencia a medida que crecemos, deberíamos:
- Valorar las experiencias de la niñez, adolescencia y adultez.
- Integrar las lecciones aprendidas en cada etapa.
- Vivir con una conciencia plena de la vida que nos rodea.
Madurar es, en última instancia, un acto de despertar y de asumir la responsabilidad de nuestra vida, permitiéndonos vivir con autenticidad y conexión.



