La vida presenta un sinfín de experiencias y reflexiones que nos inspiran y nos desafían a profundizar en nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos. A menudo, nos encontramos en un constante tira y afloja entre la aceptación de lo que somos y la lucha contra lo que no queremos ser. Este artículo se adentra en esos sentimientos, explorando la complejidad de la vida desde la perspectiva de la práctica del yoga, la ética y la lucha contra la injusticia.
Confieso que soy afortunado
Confieso que tengo la suerte de leer textos que nutren mi alma y expanden mi mente. Cada día, me encuentro con palabras que ofrecen luz y sabiduría sobre el camino de la vida. Sin embargo, también hay momentos en que esas palabras se tornan oscuras, resonando en mí con un eco que a veces no quiero escuchar. La frase “Todo es perfecto como es” me resulta difícil de asimilar cuando miro a mi alrededor y veo tanto sufrimiento y desazón.
La contemplación de lo que nos desagrada puede ser un ejercicio de sanación, pero también puede convertirse en una forma de evasión de la realidad. Es un delicado equilibrio entre aceptar y actuar, entre observar y cambiar. Es aquí donde radica la tensión de mi experiencia.
Admiro a quienes luchan por los demás
Admiro profundamente a aquellos que dedican su vida a hacer de este mundo un lugar mejor, no solo a quienes se entregan completamente a la espiritualidad. Hay un valor inmenso en el compromiso humano, en el deseo de mejorar la vida de otros. Quienes viven con fe y coherencia, que optan por el silencio en lugar de la confrontación, merecen respeto; sin embargo, no puedo evitar sentirme frustrado cuando me invitan a ver la injusticia con ternura.
Las injusticias del mundo no deben ser ignoradas ni minimizadas. Hay quienes creen que la compasión implica aceptar el dolor ajeno con un simple gesto de comprensión, pero hay momentos en que esa respuesta no es suficiente. Hay un tiempo y un lugar para la lucha, para la indignación activa.
El dilema de la espiritualidad y la realidad
Mi dedicación a la divulgación del yoga a veces me lleva a sentirme culpable por no ajustarme a esa filosofía que promueve la desafección ante el sufrimiento. En ocasiones, me encuentro cuestionando el ideal de la serenidad absoluta, especialmente cuando el mundo a mi alrededor se desmorona. ¿Es el yoga simplemente un camino hacia la autoafirmación, o es algo más profundo y poderoso?
Es fundamental recordar que el yoga no es sinónimo de rigor o idealización. Esta práctica es, en esencia, una forma de conexión con la vida misma. Nos enseña a ser honestos y a vivir con integridad, a estar presentes y a reconocer tanto las sombras como las luces de nuestra existencia.
El sufrimiento humano: una realidad compleja
El sufrimiento es parte de la condición humana, y no siempre es el producto de nuestra mente. Muchas personas enfrentan dificultades que son el resultado de circunstancias externas: hambre, guerra, enfermedad y pobreza. Estos son sufrimientos que no se pueden ignorar y que requieren nuestra atención y acción.
Es importante reconocer que hay millones de personas atrapadas en situaciones de sufrimiento que no han causado. Ellos son víctimas de la tiranía, la maldad y la indiferencia de una sociedad que a menudo elige mirar hacia otro lado. Este año, al igual que muchos otros, ha comenzado con un peso abrumador: el sufrimiento de los más vulnerables y la amenaza constante a la paz y la justicia.
La lucha contra la injusticia y la necesidad de acción
Cuando la injusticia se convierte en la norma, no debemos permitir que nuestra incomodidad nos lleve a la inacción. En lugar de apartar la vista, es crucial enfrentar nuestras emociones, reconocer nuestra impotencia y permitirnos sentir la rabia y la tristeza que surgen ante el sufrimiento ajeno. Este proceso puede ser doloroso, pero es esencial para conectar con nuestra humanidad.
- No debemos huir de nuestros sentimientos; son parte de nuestra realidad.
- El yoga nos ofrece herramientas para manejar esas emociones y encontrar la paz interior.
- El silencio no es una solución; hablar y actuar son necesarios para el cambio.
El yoga como fuente de coraje y resiliencia
El yoga, en su esencia más pura, es una fuente de coraje y resiliencia. Nos enseña a enfrentar las dificultades con la cabeza en alto y a actuar con coherencia. La práctica del yoga no es solo una búsqueda personal de paz; también es un camino hacia la acción y el compromiso social.
Al dar la cara a la realidad, podemos encontrar motivos para la esperanza. A través de la conciencia y la atención a lo que nos rodea, podemos descubrir maneras de contribuir a la lucha por la justicia y la paz. Estas son algunas formas en que el yoga puede guiarnos en este camino:
- Fomentar la empatía hacia los demás y su sufrimiento.
- Practicar la autocompasión mientras nos esforzamos por ayudar a otros.
- Incorporar la acción social en nuestra práctica diaria.
El poder del silencio y la necesidad de voz
El silencio puede ser un cómplice de la injusticia; normaliza el abuso y perpetúa el sufrimiento. No estamos solos aquellos que nos negamos a someternos a la opresión o al silencio que se nos impone. Es vital que nuestras voces sean escuchadas y que nuestras inquietudes se compartan.
Me gustaría invitar a quienes lean estas reflexiones a compartir sus pensamientos, sus luchas y sus esperanzas. No estamos solos en esta lucha; cada voz cuenta, y cada historia tiene el poder de inspirar el cambio. Si desean compartir sus experiencias, pueden escribirme a pepacastro@yogaenred.
Pepa Castro, codirectora de YogaenRed



