Descubre las tres fuerzas ocultas que moldean tu mente y transforman tu vida

La comprensión de nuestras emociones y pensamientos puede ser un verdadero desafío. A menudo, nos encontramos atrapados en fluctuaciones mentales que nos hacen sentir como marionetas de un estado emocional cambiante. Sin embargo, hay un camino hacia la libertad y la autoobservación que puede ayudarnos a descubrir el testigo en nuestro interior. En este artículo, exploraremos las tres fuerzas que nos habitan, conocidas como gunas, y cómo influyen en nuestra experiencia diaria.

¿Quién observa el vaivén de la mente?

La mayoría de nosotros vivimos identificados con nuestros estados mentales. Cuando nos sentimos ansiosos, decimos «estoy ansiosa», y cuando encontramos paz, afirmamos «estoy en paz». Sin embargo, el problema no radica en los estados en sí, sino en la identificación que hacemos con ellos. Esta identificación nos hace olvidar que somos algo más que esos fenómenos pasajeros.

En artículos anteriores, hemos explorado conceptos como Viveka, el discernimiento que nos permite vernos como el cielo que observa las nubes. Ahora, profundizaremos en la naturaleza de esas nubes. ¿Qué las conforma? ¿Por qué algunas son oscuras y densas, mientras que otras son luminosas y ligeras?

La filosofía del Yoga clásico, a través de la perspectiva del Sāṃkhya, nos ofrece un marco claro: todo lo que experimentamos –nuestros pensamientos, emociones e incluso la materia de nuestro cuerpo– está tejido por tres fuerzas fundamentales llamadas gunas. Comprender estas fuerzas es crucial para dejar de ser marionetas de nuestros propios estados.

Las tres fuerzas de la naturaleza

La palabra guna se traduce literalmente como «cuerda» o «hilo». En el contexto del yoga, la realidad manifiesta, conocida como Prakṛti, se asemeja a un tapiz que se forma a partir de la interacción de tres hilos energéticos que se entrelazan continuamente.

  • Tamas (el hilo de la inercia): Representa la fuerza de la pesadez, la oscuridad y la estabilidad. En su forma equilibrada, nos permite descansar y enraizarnos. Sin embargo, cuando está en exceso, puede manifestarse como pereza, confusión o parálisis, llevándonos al sufrimiento del «no puedo».
  • Rajas (el hilo del movimiento): Esta es la fuerza de la acción, el deseo y la agitación. Es el motor de la vida que nos impulsa a crear, a cambiar y a alcanzar metas. Pero cuando predomina en exceso, se transforma en ansiedad, ira y competitividad, generando un fuego interno que puede quemarnos.
  • Sattva (el hilo de la luz): Representa la fuerza de la claridad, la armonía y el equilibrio. Se manifiesta como paz, lucidez mental y compasión. Sattva es el estado más refinado de la mente, donde experimentamos la sensación de «estar en casa».

Desde esta perspectiva, el sufrimiento no surge de la presencia de una u otra guna, sino de nuestra identificación con ellas. Como señala Georg Feuerstein, el error radica en que nuestra consciencia testigo (Puruṣa) se fusiona con los movimientos de la naturaleza (Prakṛti).

La trampa del Sattva

Es crucial detenerse aquí, ya que existe una enseñanza profunda que a menudo se pasa por alto. Muchas veces creemos que el objetivo del yoga es alcanzar un estado de Sattva permanente. Sin embargo, la tradición nos advierte que Sattva también puede convertirse en un velo, aunque sea de oro.

Si nos identificamos con la paz, afirmando «soy una persona espiritual y equilibrada», estamos creando un nuevo ego. Este nuevo sentido de identidad puede convertir la claridad en una prisión. Como se expresa en el Bhagavad Gītā (14.22), el sabio no rechaza la luz (Sattva), la acción (Rajas) ni la confusión (Tamas) cuando están presentes; simplemente las observa.

El objetivo final no es ser exclusivamente sáttvico, sino alcanzar el estado de Trigunatita: el que ha trascendido las tres gunas, utilizando estas fuerzas sin ser controlado por ellas.

Observar las fuerzas en acción

Esta filosofía no es meramente teórica; es profundamente práctica. Podemos observar el juego de las gunas en nuestra vida cotidiana de las siguientes maneras:

  • En el cuerpo: Al despertar, a menudo sentimos una pesadez que nos mantiene pegados a la cama (Tamas). Otras veces, saltamos de la cama con la mente ya planificando el día (Rajas). A veces, experimentamos una claridad serena al abrir los ojos (Sattva).
  • En la práctica de āsana: Mantener posturas como Vīrabhadrāsana I nos enfrenta directamente a estas fuerzas. Los temblores y el impulso de abandonar la postura son manifestaciones de Rajas. El hundimiento y la desgana reflejan Tamas. La respiración estable y la mirada serena que observa el esfuerzo representan la luz de Sattva.
  • En el prāṇāyāma: La respiración actúa como un ecualizador de estas energías. Una respiración agitada y superficial alimenta Rajas, mientras que una respiración lenta y profunda puede ayudar a salir del sopor de Tamas. Técnicas como Nādī Śodhana buscan equilibrar los canales energéticos asociados a estas polaridades.

Yoga Nidra: revelando al testigo

El estado de Yoga Nidra se presenta como un microscopio perfecto para observar esta danza interna. En esta práctica, nos tumbamos en quietud y el guion nos guía a explorar sensaciones opuestas: el peso de Tamas, la vibración de Rajas y la transparencia de Sattva. A través de esta exploración, ocurren revelaciones: las tres fuerzas aparecen, se intensifican y finalmente se disuelven.

El observador y su papel fundamental

¿Quién es el que observa este baile? Ese es el Ser, el testigo inmutable que la tradición llama Puruṣa. Este testigo puede observar la tormenta de Rajas, la niebla de Tamas y el amanecer de Sattva sin identificarse con ninguno de ellos. Las nubes pasan; el cielo permanece. Los hilos se mueven; la marioneta descansa.

Como recuerda B.K.S. Iyengar en su comentario a los Yoga Sūtra, la práctica sostenida del discernimiento (Viveka) nos permite habitar ese espacio de observación, donde las cualidades de la naturaleza dejan de atraparnos.

Una guía práctica para la vida cotidiana

Comprender las gunas transforma nuestra relación con nosotros mismos y con los demás. Aquí hay algunas maneras de aplicar este conocimiento en la vida diaria:

  • Ante la propia agitación (Rajas): En lugar de decir «estoy ansiosa», podemos reconocer que hay una fuerza de agitación en nuestro interior. Al nombrarla, nos distanciamos de ella, lo que nos permite canalizar esa energía a través de prácticas como una caminata consciente o una exhalación larga.
  • Ante la propia pesadez (Tamas): En lugar de juzgarnos como perezosos, podemos reconocer que en ese momento nuestro cuerpo se siente pesado. Desde esta observación, podemos introducir una pequeña acción sáttvica, como abrir una ventana, beber agua o movernos suavemente.
  • Ante los demás: Cuando alguien nos agrede con su ira, entender que esa persona está «secuestrada» por Rajas nos permite no tomar su ataque como algo personal. Podemos establecer límites desde la compasión, sin entrar en su fuego.

Esta es la libertad que propone el yoga. No es una libertad futura, sino una libertad inmediata que surge de nuestra capacidad de elegir cómo responder a cada estímulo. Viktor Frankl lo expresó de manera memorable: «Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio reside nuestra libertad». El yoga, a través del cultivo de Viveka y la comprensión de las gunas, nos enseña a habitar ese espacio.

Una invitación a la práctica de la observación

Este discernimiento se consolida no solo a través de la lectura, sino mediante la práctica. Por ello, en Yoga Anandamaya hemos creado el ciclo mensual «El Corazón del Yoga: Encuentros de filosofía y Yoga Nidra», un espacio para detenerse, mirar hacia adentro y experimentar estas enseñanzas no como conceptos abstractos, sino como realidades vivas.

El próximo encuentro, «Las fuerzas que nos habitan: Gunas y naturaleza de la mente», se llevará a cabo el sábado 18 de abril de 11:00 a 13:00. En esta oportunidad, exploraremos juntos cómo identificar estas tres fuerzas en nuestra propia experiencia y aprender a bailar con ellas sin ser sus marionetas. Te invito a venir con tu curiosidad y silencio; la práctica se encargará del resto.

Isabel Ward es fundadora de Yoga Anandamaya Escuela de yoga y meditación.

Notas y referencias bibliográficas:

[1] La teoría de las gunas es central en la filosofía Sāṃkhya, adoptada y desarrollada por el yoga. Ver Feuerstein, Georg. The Yoga Tradition, p. 112-115.
[2] Ibid. Feuerstein explica la identificación errónea como la fusión de Puruṣa con los movimientos de Prakṛti.
[3] Bhagavad Gītā, capítulo 14, versos 22-25. La descripción del Trigunatita, el que ha trascendido las tres gunas.
[4] Desikachar, T. K. V. The Heart of Yoga: Developing a Personal Practice. Desikachar enfatiza la importancia de la observación y la adaptación en la práctica personal.
[5] Para la relación entre la respiración, los canales energéticos (Nādīs) y el equilibrio de las gunas, ver la obra de Iyengar y Feuerstein.
[6] Iyengar, B. K. S. Luz sobre los Yoga Sūtras de Patañjali. Comentario al Sūtra II.26 sobre la naturaleza de Viveka.
[7] Frankl, Viktor. El hombre en busca de sentido. La célebre cita sobre el espacio entre estímulo y respuesta como morada de la libertad.

Redacción NoticiasYoga

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